sábado, 6 de julio de 2013

Vocación de Mateo (Mt 9,9-13)


El evangelio en lenguaje de hoy

Pasando Jesús por delante de la Asociación de Gays, lesbianas, transexuales y bisexuales, vio a un hombre llamado Mateo, salido hace tiempo del armario, y le dice: “Sígueme”. Él lo siguió, charlaron largo rato, y lo invitó a comer.
   Estando a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos gays y lesbianas y se pusieron a comer con Jesús y sus discípulos.
   Al terminar la comida y salir a la calle los vieron Pepe y Sinforosa, matrimonio muy piadoso; escandalizados, preguntaron a Felipe:
  ¿Por qué come vuestro maestro con esos homosexuales?
   Jesús, al oírlo, dijo:
    No necesitan médico los que están fuertes, sino los débiles. No he venido a llamar a los que se consideran buenos, sino a los que la gente considera malos.          

* * *

   La actitud de Jesús supone un verdadero escándalo para un judío piadoso. El Salmo 1, que expone el ideal del buen judío, comienza diciendo:

         «Dichoso el hombre que no marcha por la senda de los malvados,
            y en el camino de pecadores no se detiene,
            y en la sesión de los cínicos no toma asiento.» (Salmo 1,1)

  Jesús, en cambio, pasa junto a ellos, se detiene a hablarles, se sienta con ellos a la mesa. Por cosas como estas terminaron matándolo.

El evangelio en la versión original de Mt 9,9-13

   En aquel tiempo, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme». Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando Él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo los fariseos decían a los discípulos: «¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?». Mas Él, al oírlo, dijo: «No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa aquello de: ‘Misericordia quiero, que no sacrificio’. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».

   Las palabras ‘Misericordia quiero, que no sacrificio’ las toma Jesús del profeta Oseas. La gente pretendía agradar a Dios sacrificándole animales (ovejas, vacas, toros, etc.); pero lo que a Dios le agrada es el amor al prójimo y la compasión.