jueves, 18 de julio de 2013

El yugo ligero y la amenaza de muerte (Mt 12,1-14)


            ‒ Pepe, lo que te has perdido por culpa de tu lumbago. Esto no puede seguir así. Hay que denunciarlo al obispo.
            Sinforosa se abanicó sofocada sin permitir a su marido una palabra.
            ‒ Hace lo que le da la gana, permite que sus amigos se tomen la misa a la ligera, le toma el pelo al párroco… Estaba yo en la plaza de la iglesia, esperando con Angustias a la misa de doce, cuando los veo aparecer. Te aseguro que me dio alegría pensar que venían a misa, después de más de un mes por ahí fuera. ¿Pues sabes lo que ocurrió? Que estaban esperando que diesen el tercer toque, porque ellos nunca entran a rezar un rato antes de la misa, cuando aparece corriendo Santiago, el hermano de ese que parece tan buenecito, pero que es el peor de todos, y dice que en el bar de Paco televisan el partido. No me preguntes qué partido, que yo de eso no entiendo. Pues se acabó, ni misa ni nada. Todos corriendo al bar. Como si no hubiera otra hora para ver partidos, que no paran de televisarlos todo el fin de semana. ¡Qué hartura de fútbol, Dios mío! Yo pensé que Jesús les iba a llamar la atención, pero no, se fue con ellos, aunque yo estoy segura de que a él no le gusta el fútbol.
            Y la cosa no acaba aquí, Pepe. Porque se lo dijeron a don Anselmo, que estaba ya a punto de empezar la misa, y se fue para el bar hecho una furia, y le dijo a Jesús si no le daba vergüenza del mal ejemplo que estaban dando a la gente. Pues Jesús se le queda mirando muy tranquilo y le dice:
            ‒ Don Anselmo, llevan más de un mes trabajando en la sierra. No han visto ni un minuto de televisión, les hace mucha ilusión ver el partido.
            Don Anselmo se quedó desconcertado de una respuesta tan estúpida, y Jesús encima le dice:
            ‒ ¿No se acuerda usted de lo que hizo David en una ocasión parecida? No me refiero al fútbol ni a la televisión, que en su tiempo no había. Me refiero a lo que se cuenta en el capítulo 32 del primer libro de Samuel.
            Don Anselmo se puso colorado. Sinceramente, Pepe, yo creo que no sabía lo que se cuenta en ese capítulo y prefirió callarse. Así que dio la vuelta y se fue para la iglesia a decir la misa. ¿Pero sabes lo más grande, lo más indignante? Yo lo sé por la hija de la del bar, que es una frescachona y lo contó luego riendo. Resulta que cuando se fue el párroco Pedro le pregunta a Jesús:
            ‒ Maestro, ¿qué cuenta ese capítulo 32?
            Y Jesús se le queda mirando con una sonrisa y le dice:
            ‒ No cuenta nada. Ese capítulo no existe.
            ‒ ¡Habrase visto! ¡Mentirle al mismo párroco! ¡Dejarlo en ridículo! Lo que te decía. Ahora mismo llamo al obispo.
            ‒ Déjalo para mañana. Ahora estará diciendo misa.

La versión original de Mateo 12,1-8

            Por entonces, un sábado, atravesaba Jesús unos sembrados. Sus discípulos, hambrientos, se pusieron a arrancar espigas y comérselas.
                Los fariseos le dijeron:
            ‒ Oye, tus discípulos están haciendo en sábado una cosa prohibida.
                El les respondió:
            ‒ ¿No habéis leído lo que hizo David con su gente cuando estaban hambrientos? Entró en la casa de Dios y comió los panes presentados, que sólo a los sacerdotes les está permitido comer, no a él ni a su gente. ¿No habéis leído en la ley que, en el templo y en sábado, los sacerdotes quebrantan el reposo sin incurrir en culpa? Pues os digo que hay aquí alguien mayor que el templo. Si comprendierais lo que significa misericordia quiero y no sacrificios, no condenaríais a los inocentes. Porque el hombre es señor del sábado.

* * *

En el evangelio de ayer contraponía Jesús dos actitudes ante la ley religiosa: la interpretación rígida e intolerante de los fariseos, que cargan un fardo pesado sobre la gente, y la suya, semejante a un yugo llevadero y una carga ligera. Al mismo tiempo, se ofrecía como modelo de mansedumbre y sencillez.
            ¿Dónde se puede observar mejor este contraste de actitudes? En uno de los temas más candentes de la época: la observancia del sábado. En ese día ambienta el evangelio los dos siguientes episodios. El primero es el que acabamos de leer. El segundo, aunque no se lea en la misa, lo copio también por su relación con el primero.

El sábado

            Muchos cristianos piensan que el sábado es para los judíos como el domingo para nosotros. Se equivocan totalmente. El sábado es mucho más importante para ellos. El tema sería largo de exponer y me remito a J. L. Sicre, El cuadrante. Vol. II: “La apuesta”, Editorial Verbo Divino, págs. 143-160. Recojo algunos datos sobre la importancia del descanso sabático.

            El sábado por encima de la vida
           
            Aunque es una práctica muy antigua, la obsesión por observar el descanso sabático alcanza su punto culminante es un relato del primer libro de los Macabeos.
            Un grupo de judíos piadosos se ha retirado al desierto, en desacuerdo con la política oficial de helenización. La guarnición de Jerusalén los persigue, los asedia en sábado y les da el ultimátum de rendirse. La respuesta es tajante: “No saldremos ni obedeceremos al rey, profanando el sábado”. Ante esta negativa, “los soldados les dieron el asalto enseguida, y ellos no replicaron, ni les tiraron una piedra, ni se atrincheraron en las cuevas, sino que dijeron:
            - ¡Muramos todos con la conciencia limpia! El cielo y la tierra son testigos de que nos matáis contra todo derecho.
            Así que los atacaron en sábado. Y murieron todos, con sus mujeres, hijos y ganados. Había unas mil personas” (1 Mac 2,31-39).
            Precisamente este hecho motivó que los Macabeos adoptaran una medida nueva: “Al que nos ataque en sábado le responderemos; así no pereceremos todos como nuestros hermanos en las cuevas” (v.41).

            El sábado por encima de la independencia política

            El respeto al descanso sabático hizo que esta norma se interpretase de la forma más estricta posible. Así, cuando Pompeyo asedió Jerusalén en el año 63 a.C., fue construyendo en sábado las obras de asalto a la muralla. Los judíos no interpretaron eso como un ataque directo, y los dejaron trabajar. Como consecuencia de esta actitud tan estricta, la ciudad terminó cayendo en poder de los romanos.

            Lo trabajos prohibidos en sábado
         
          Los principales trabajos prohibidos son cuarenta menos uno: arar, sembrar, segar, hacer gavillas, trillar, aventar, escardar, moler, cerner, amasar, cocer el pan, esquilar lana, blanquearla, rastrillarla, teñirla, hilarla, tejerla; hacer dos mallas, trenzar dos cuerdas, atar un nudo y desatar (un nudo), coser dos puntadas y rasgar para coser dos puntadas; cazar un ciervo y degollarlo, desollarlo, adobarlo, curtir su piel, rasparla y cortarla; escribir dos letras, borrar para escribir dos letras; edificar y derribar; apagar y encender; golpear con un martillo, transportar de un sitio a otro. Estos son los cuarenta menos uno principales trabajos (prohibidos)” (Misná, Tratado Shabbat VII, 2).

Las espigas cortadas en sábado

            Este episodio es más complejo de lo que parece a primera vista. Parte de un hecho trivial: comer espigas para matar el hambre. De pronto, como de la nada, surgen los fariseos y acusan a los discípulos de hacer algo prohibido en sábado. Es falso que la ley prohibiera arrancar espigas en sábado. Lo que se prohíbe en Ex 20,10 y Dt 5,14 es trabajar. Más tarde, moler grano o aventarlo forma parte de los 39 trabajos elementales prohibidos.
            Los fariseos demuestran que su yugo es pesado, insoportable. Exigen el máximo de cosas pequeñas. “Filtran el mosquito y se tragan el camello. Podríamos darles la razón en un punto: los discípu­los podrían ser más previsores, comer a sus horas, dejarse de caprichos, ser más mortificados.
       Jesús no comparte esta postura. Defiende a sus discípulos, usando para ello argumentos muy distintos:
            1) La historia demues­tra que incluso los mejores personajes, como David, no observan las normas en ciertos momentos; al citar la Escritura, Jesús hace trampa porque David no iba con su gente sino solo.
            2) La misma ley hace excepciones con los sacerdotes, con vistas al servicio del templo; aquí hay algo más importante.
            3) Para Dios, como dijo el profeta Oseas, lo impor­tante no es la práctica cultual sino la misericordia; el sentido de la frase de Jesús es: si supierais sacar las consecuencias de lo que sabéis de memoria, no condenaríais a mis discípulos”.
            4) Este Hombre es señor del sábado. La frase es algo ambigua, porque puede significar que Jesús, el Hijo del Hombre, es señor del sábado; y también que cualquier ser humano es señor del sábado.

La continuación de Mateo 12,9-14: ¿es lícito curar en sábado?

                Se dirigió a otro lugar y entró en su sinagoga. Había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Le preguntaron, con intención de acusarlo, si era lícito curar en sábado. El respondió:
            ‒ Supongamos que uno de vosotros tiene una oveja y un sábado se le cae en un hoyo: ¿no la agarrará y la sacará? Pues cuánto más vale un hombre que una oveja. Por tanto, está permitido en sábado hacer el bien.
                Entonces dijo al hombre:
            ‒ Extiende la mano.
            El la extendió y se le quedó tan sana como la otra.
            Los fariseos salieron y deliberaron cómo acabar con él.

            Este episodio empalma con el anterior. Antes se ha planteado que los discípulos hacen lo que no está permitido en sábado. Ahora se plantea si está permitido curar en sábado. Es una trampa que le tienden a Jesús, parecida a la de si hay que apedrear o no a la mujer adúltera. Si dice sí, malo. Si dice no, ¿cómo se justifica lo anterior?
            Mateo recoge un episodio muy dramático y conflictivo de Marcos (3,1-6), lo despoja de los elementos más hirientes y le da un matiz pedagógico, didáctico. Jesús no emplea un argumento de Escritura, sino un ejemplo de la vida diaria. Es curioso el contraste entre los puntos de vista: para los fariseos se trata de curar, como quien hace cualquier otra cosa (v.10); para Jesús se trata de hacer el bien (v.12).

Un final dramático

            El final es más trágico que el de la historia inventada. Sinforosa se limita a denunciarlo al obispo. Los fariseos deliberan cómo acabar con él. El evangelio de Juan también afirma que la actitud de Jesús ante el sábado fue uno de los motivos que provocaron su condena a muerte.